Mis Escritos 11

Y pienso en ti

 

Cada vez que te miro

aparece en tus ojos,

el reflejo del sol,

y las estrellas que me hacen olvidar

que ya se marchò.

 

A veces me pregunto tantas cosas,

las poesìas que escribo,

no seràn acaso

la bùsqueda de un " te quiero" que no llega?,

eso no lo sè,

respuestas como èsta se me escapan

ocultandose en el verde de la hierba.

 

Basta con que mire dentro tuyo,

acaso tu corazòn, a travès de tus ojos,

y sentir el recuerdo

que pega un giro violento

y retrocede buscando

no sè què herida, aùn sangrante

cuando apenas

hubo un verano solamente;

como si la vida

de un suspiro olvidada

dejara sobre mi feretro... una rosa.

 

Para Elisa

 

Tu pequeña figura

tus ojos color celeste,

tu blanca sonrisa

y tu pelo color miel.

 

Tu presencia, asì tan fina,

tu alegrìa y tu tristeza,

y la armonìa de tu vida

hoy el tiempo reza.

 

Para Elisa yo escribì

cuatro versos salidos de mì,

y cien estrofas de un invierno

que es parte de su sendero.

 

Y allì... sentada en un banco

repite una y otra vez,

cuando creo que acabo

siempre hallo algo que debo emprender.

 

Y vuelve la lucha constante,

la vida que aflora

y que veces nos hace

ganar y perder.

 

Y ahì està Elisa

dispuesta a seguir,

la miro y contemplo:

cuànto vale!

parece, hecho carne,

un pequeno rubì.

 

Su pequeña figura,

sus ojos color tiempo,

su sonrisa blanca

y su pelo color miel...

Ella, mi amiga,

cual retoño de vida...

Elisa es asì.

 

Hermano

 

Tù que fuiste

el castillo de arena,

el murmullo del viento

y el canto del mar.

 

Tù que fuiste siempre

y que siempre seràs,

si algùn dìa encuentras

mi alma cansada de tanto penar,

no vaciles entra!

y aunque rompas la puerta

venme a mi lado y ponme serena

ayùdame un poco... que quiero olvidar.

 

Tù que fuiste tantas cosas,

tù que seràs muchas màs,

tù que desde siempre fuiste

y por siempre seràs:

El mar, el viento, la arena,

el canto, la lluvia, la espera,

el silencio de la noche serena

y el llanto de la vida nueva.

 

Tù que me extiendes la mano,

sì, es a ti a quièn hablo,

a ese que sin saberlo

un dìa se convirtiò en mi hermano:

y por mì sufriò mil penas,

por mì saliò en defenza

quièn sabe de què zonceras;

y un dìa cualquiera

frìo y lluvioso

se mojò las piernas,

y se cayò de pronto

cerrando sus ojos;

comprendìa entonces

que tambièn por mì

habìa dado su vida;

y yo me quedè un instante

pensativa, triste,

mirando sus ojos,

su rostro era apenas

un bosquejo suave.

 

Què frìo corriò por mis venas!:

se derrumbò el castillo

que habìa armado en la arena,

ya ni se oìa

el murmullo del viento,

...y se habìa muerto

el canto del mar...

 

Siempre

 

Para toda la vida...

eso dijimos sin saber

que sòlo era un engaño triste

y una oscura fantasìa.

 

Se puede dejar de querer?...

me lo preguntè un dìa,

pero nadie quiso responder

pronto lo averiguarìa.

 

Sueños, ilusiones

hoy esperanzas vanas,

un dìa se marcharon

sin dejar rastros ni marcas.

 

Y fue todo tan aprisa

apenas tres años tuvo de vida,

y un dìa cualquiera

se cerrò la puerta.

 

Què triste esta agonìa lenta

no pudo mi amor morir

sin sufrir siquiera.

 

Se puede dejar de querer?...

me preguntè calma y serena,

no sabìa que pronto

yo misma... escribirìa esta respuesta.

 

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Cantos del Alma

 

Por: Maria Laura Branca.

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